Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas estan llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
Qué alegría, vivirsintiéndose vivido.
Rendirsea la gran certidumbre, oscuramente,de que otro ser, fuera de mí, muy lejos,me está viviendo.
Que cuando los espejos, los espías,azogues, almas cortas, aseguranque estoy aquí, yo, inmóvil,con los ojos cerrados y los labios,negándome al amorde la luz, de la flor y de los nombres,la verdad trasvisible es que caminosin mis pasos, con otros,allá lejos, y allíestoy besando flores, luces, hablo.
Que hay otro ser por el que miro el mundoporque me está queriendo con sus ojos.
Que hay otra voz con la que digo cosasno sospechadas por mi gran silencio;y es que también me quiere con su voz.
La vida -¡qué transporte ya!- ignoranciade lo que son mis actos, que ella hace,en que ella vive, doble, suya y míay cuando ella me hablede un cielo oscuro, de un paisaje blanco,recordaréestrellas que no vi, que ella miraba,y nieve que nevaba allá en su cielo.
Con la extraña delicia de acordarsede haber tocado lo que no toquésino con esas manos que no alcanzoa coger con las mías, tan distantes.
Y todo enajenado podrá el cuerpodescansar, quieto, muerto ya. Morirseen la alta confianzade que este vivir mío no era sólomi vivir: era el nuestro. Y que me viveotro ser por detrás de la no muerte.